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HUITACA, paraíso botánico, es un sueño de pareja que se ha gestado desde 1999. Llegando de París, después de 10 años de ausencia, nos dimos a la tarea de habitar un pedazo del planeta con los ideales de nuestra generación de los 60: vivir en el campo. Trajimos al mundo dos hijos Tato y Nico y a ellos Pía les ha enseñado: “que el alimento que nutre el cuerpo y al alma, nos lo debemos procurar nosotros mismo”. Y Tuto, se dio a la tarea de construir la casa con sus manos. Somos cuidadosos en marginarnos del consumo. Encontramos un territorio casi desértico por las prácticas de la ganadería donde los pocos árboles que había, tenían el temor de hacer sombra. Ahora crecen embarnecidas y orgullosas especies nativas a su antojo, y entre ellas, encontramos las cabañas que semejan árboles, construidas en madera donde los pájaros hacen sus acogedores nidos.
Este proyecto es un lugar frente a las montañas del Oriente en la ruta del Río Blanco en su viaje al Orinoco y a los lejos se divisan los farallones del Parque Nacional Natural de Chingaza, en Cundinamarca, Colombia. Un lugar que fue habitado por los Muiscas, lleno de lagunas y uno de los siete lugares más ricos en agua del planeta. Con venta de verduras y frutas y cerca de buenos restaurantes. A 42 kilómetros y a una hora y 15 minutos de Bogotá.
Aquí se conjugan los cuatro elementos y el quinto: el amor, lo traen entre sus manos quienes llegan para que aquí se conjuren sus designios. Un lugar donde las lechuzas ululan entre los guaduales, el río cuenta sus historias en su vertiginoso descenso al Orinoco, el viento trae los rumores de las montañas. En la cocina al aire libre se congregan los espíritus del fuego y con todo ello, una hermosa comunión se exorciza.